Cursos para identificar ladrones emocionales en Cadiz

Siente una envidia muy intensa hacia quienes puedan poseer cosas que él no posee, sobre todo hacia las personas que saben gozar de la vida. Es muy pesimista y la vitalidad de los demás es el cruel indicador de sus propias carencias. Por eso, para afirmarse necesitan tener qué destruir.

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Generalmente ofrece un aspecto físico impecable; cuida mucho su imagen por lo que la primera impresión suele ser de agrado, pero no tarda en surgir la verdadera y diabólica personalidad: Es suficiente que  considere que es el momento oportuno para manifestarse, pudiendo llegar a ser grosero e impresentable. Siempre espera de los demás que se le trate del mejor modo posible, sin que él se sienta obligado a responder de la misma manera.

Busca con afán un alto estatus social aunque no lo consiga. Cuando habla,  a menudo se refiere a personas de elevada posición con las que tiene “estrechísimas” relaciones, pero frecuentemente esas personas sólo existen en su imaginación. Sus delirios de grandeza, su discurso mesiánico y moralizante les llevan a exhibir valores morales irreprochables, presentándose  como personas religiosas, cívicas, elegantes, cultas,  educadas…. vamos, todo un dechado de virtudes, consiguiendo  así dar una elevada imagen de sí mismo, a la vez que denuncian toda la perversión humana.

Suele tener habilidad retórica pero su discurso es muy abstracto, en el fondo, no dice nada, porque no es capaz de concretar ni exponer con claridad. Cuando lo intenta, pasa al extremo de los detalles insignificantes.

“La víctima suele describir sus relaciones con el machista perverso narcisista como de amor-odio, porque al mismo tiempo que se siente explotada, abusada y humillada,  puede sentirse atraída por su irresistible y seductor encanto”.

Se defiende mediante mecanismos de proyección y de negación de la realidad, eludiendo la culpa que siempre es ajena a ellos. Es consciente de que no tiene sentimientos, de que carece de emociones y los simula para enmascararse. No tiene sentimientos de culpa pero es maestro manipulando este sentimiento en los demás, especialmente en su pareja.

Aunque a veces se detecte sus mentiras, estas son tan descomunales y tan descaradas en público que las víctimas se suelen quedar anonadadas, paralizadas e incapaces de responder, mudas de asombro.

Convierte la ternura y la generosidad de su pareja en valores negativos, transformando lo bueno de esta en material para su abuso, porque su sueño es corromper a los demás, envilecerlos, obligarlos a desconfiar colocarlos en situaciones en las que tengan que defenderse actuando contra sus propios principios.

Depredador emocional, saqueador y amoral, portador de una envidia estructural está convencido de que puede apropiarse de los atributos de la otra persona. Su elección no está exenta de lógica: necesita aquello que brilla, aquello de lo que carece.

A medida que pasa el tiempo y las víctimas por su vida, el perverso va adquiriendo experiencia, va aumentando la perfección en su técnica hasta convertirlo en un maestro no ya solo del maltrato psicológico, sino incluso de la inducción al suicidio.

No en vano se les considera asesinos psíquicos en serie.

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